Un estudio describe a la rana africana comiendo huevos de un anfibio nativo en Coquimbo
Investigadores de la U. de Concepción documentaron en Gayana que una rana africana invasora se alimentó de huevos del sapo atacameño en Coquimbo. Es un registro puntual.
Investigadores de la Universidad de Concepción documentaron en la revista Gayana lo que describen como el primer registro de la rana africana (Xenopus laevis), una especie invasora, depredando huevos del sapo atacameño (Rhinella atacamensis), un anfibio endémico de Chile. La observación ocurrió en Socos, en la Región de Coquimbo.
El estudio, publicado en junio, está firmado por Iván Mancilla-Millán, Constanza Mazzey-Andrade y Claudio Correa, del Laboratorio de Sistemática y Conservación de Herpetozoos de esa casa de estudios. Salió como comunicación breve en el volumen 90 de Gayana (2026).
Ocurrió durante una campaña de monitoreo del sapo atacameño en agosto de 2025. En la noche del 11 de agosto, los investigadores vieron a una hembra adulta de rana africana alimentándose de una puesta de huevos del sapo. Capturaron a esa hembra y a otros dos machos que estaban cerca, y analizaron lo que tenían en el estómago. Solo la hembra tenía huevos: 172 en el estómago y 3 en el hocico, a los que se sumaron 67 que regurgitó en la bolsa de captura, para un total de 242. Los machos tenían únicamente restos de invertebrados.
Según el estudio, la rana africana llegó a Chile en la década de 1970 y hoy se distribuye desde la Región de Atacama hasta la del Maule. Los autores recuerdan que ya se había documentado que se alimenta de larvas de otros anfibios, como las de un anuro endémico, pero que no había evidencia directa de que comiera huevos de un anfibio nativo del país.
Los investigadores advierten que esto podría sumar presión sobre el sapo atacameño, que según el estudio está catalogado como vulnerable por la UICN y por el Reglamento de Clasificación de Especies de Chile, y que ya enfrenta la extracción de agua y la pérdida de hábitat por actividades agrícolas y mineras. Pese a que los huevos de sapos de este género pueden tener compuestos tóxicos, sostienen que la observación sugiere que esa defensa no frena a este depredador.
Es un registro puntual: documenta un evento en un sitio, con una hembra, y no mide cuánto afecta la rana africana a las poblaciones del sapo. Por eso los autores piden estudios que cuantifiquen la frecuencia de esta depredación y sus efectos en la dinámica poblacional de los anfibios nativos, y que esa información se incorpore a las estrategias para controlar a la especie invasora.


