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Jueves, 24 de septiembre de 2026
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La UE le ofrece a Canadá una membresía sin precedente, justo cuando Ottawa se aleja de Trump

Von der Leyen propuso a Canadá como primer "miembro asociado" de la Unión Europea durante su discurso del Estado de la Unión, una figura sin precedente que la Comisión aún no termina de definir.

Foto: Aurore Martignoni / European Union / Wikimedia Commons (CC BY 4.0)

La Unión Europea ofreció el martes 16 de septiembre a Canadá convertirse en su primer "miembro asociado", una categoría que no existía hasta ahora dentro del bloque. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo el anuncio durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, con el primer ministro canadiense, Mark Carney, presente en la sala.

"Compartimos un océano, unos mismos valores y una misma forma de ver el mundo. Y ahora construiremos también nuestro futuro común", dijo von der Leyen, dirigiéndose a Carney. La propuesta busca reemplazar el actual acuerdo comercial entre ambos, el CETA, vigente desde 2017, por lo que la Comisión llama una "Alianza para el Futuro": un "espacio común de prosperidad y seguridad económica" que sumaría cooperación tecnológica, mayor integración de las industrias de defensa y un proyecto conjunto sobre el Ártico.

Von der Leyen encuadró la iniciativa dentro de lo que describió como la necesidad de "reimaginar urgentemente" las alianzas de la Unión frente a lo que llamó la fractura del sistema internacional. "Esta no es una alianza contra nadie, sino a favor de nuestra fortaleza", aclaró. Como dato de contexto comercial, la Comisión destacó que el intercambio entre la UE y Canadá creció 75% en menos de una década.

Lo que queda sin resolver es, precisamente, qué significa en la práctica ser "miembro asociado" de la Unión Europea. No es una categoría contemplada hasta ahora en los tratados del bloque, y la propia propuesta de von der Leyen no la define con precisión: no hay, al menos en lo que la Comisión hizo público en el discurso, un régimen concreto de movilidad laboral, de participación institucional ni un cronograma de implementación. Es, en los hechos, una figura nueva que la UE construye a medida que la anuncia, ensayada primero con Canadá antes que con cualquier otro país.

Esa ambigüedad no es un detalle menor. La UE tiene categorías bien establecidas (Estado miembro, candidato a la adhesión, socio del Espacio Económico Europeo), pero ninguna equivalente a lo que von der Leyen ofreció el martes. Que el bloque decida inaugurar una figura sin precedente, y que lo haga con un país que no está en Europa ni aspira a integrarse plenamente a ella, sugiere que la Comisión busca una fórmula intermedia: más que un tratado comercial, menos que una membresía plena, diseñada para un socio con el que comparte intereses estratégicos pero no continente.

Ese cálculo estratégico no ocurre en el vacío. La oferta llega en un momento en que Canadá ha profundizado su distancia respecto de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, que en los últimos meses ha usado tanto la retórica (llegó a sugerir públicamente que Canadá se convirtiera en un estado más de EE.UU.) como medidas arancelarias para presionar a Ottawa. Von der Leyen no mencionó a Washington en su discurso; habló, en cambio, de una "fractura del sistema internacional" sin nombrar a ningún actor puntual. El momento elegido para ofrecerle a Canadá un lugar especial dentro de la arquitectura europea, justo cuando su relación con su vecino y principal socio histórico atraviesa su punto más tenso en años, difícilmente sea casual.

Leído así, el gesto de la UE puede entenderse como algo más que una actualización comercial: es una señal de que Bruselas está dispuesta a competir por el realineamiento de un socio que hasta hace poco daba por descontado que permanecería en la órbita estadounidense. Que la Unión Europea elija hacerlo inventando una categoría nueva, en lugar de ofrecer algo ya existente, es también una manera de decir que este acercamiento no es un gesto simbólico menor, sino una apuesta a construir algo distinto.

Esa lectura es una interpretación propia de esta nota a partir de los hechos difundidos por la propia Comisión Europea, no una atribución a von der Leyen: ella se cuidó de no nombrar a Estados Unidos ni a Trump en ningún momento de su discurso.

Fuentes consultadas