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Jueves, 24 de septiembre de 2026
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Vivió 271 días con un riñón de cerdo y dejó la diálisis: el caso que marca un nuevo límite en xenotrasplantes

Un paciente de 66 años en Massachusetts vivió 271 días con un riñón de cerdo genéticamente modificado, la marca más larga registrada. El caso, publicado en The Lancet, muestra hasta dónde llegan hoy los trasplantes "puente" entre especies, y por qué el órgano terminó fallando.

Ilustración generada con IA

Tim Andrews tiene 66 años, vive en Massachusetts y durante 271 días llevó dentro del cuerpo un riñón de cerdo. Es la marca más larga registrada hasta ahora para este tipo de trasplante: un órgano animal, genéticamente modificado, funcionando en un ser humano. Andrews llegó a ese punto después de años de diálisis por una enfermedad renal terminal derivada de su diabetes tipo 2. El trasplante se lo hicieron en el Centro de Ciencias de Trasplantes de Mass General Brigham, en enero de 2025, y durante casi nueve meses le permitió dejar la máquina.

El caso, publicado en The Lancet con Leonardo Riella como autor principal —no fue posible confirmar de forma directa la fecha exacta de esa publicación, dato que se deja explícitamente pendiente—, es el registro médico más detallado hasta la fecha de un xenotrasplante renal de larga duración. Un xenotrasplante es, en términos simples, el trasplante de un órgano de una especie a otra —en este caso, de cerdo a humano—, una alternativa que la medicina explora desde hace décadas frente a la escasez crónica de donantes de órganos. El riñón que recibió Andrews provenía de un cerdo miniatura de Yucatán con el genoma editado para reducir el riesgo de rechazo por parte del sistema inmune humano.

Durante meses, el órgano funcionó como se esperaba: filtró la sangre, produjo orina, sostuvo los parámetros que antes solo la diálisis lograba mantener. Pero en algún punto los médicos redujeron la inmunosupresión de Andrews para tratar una infección, y ahí empezó el problema. Según describe la publicación, los vasos sanguíneos del riñón sufrieron daño e inflamación progresiva hasta que el órgano dejó de ser viable. Se lo retiraron en octubre de 2025. Tres meses después, en enero de 2026, Andrews recibió un riñón humano de un donante fallecido, que hasta ahora funciona con normalidad.

Ese desenlace es, para el propio campo de la xenotrasplantación, parte del punto. A este tipo de procedimientos se los suele llamar trasplantes "puente": no se plantean como sustituto permanente y definitivo de un órgano humano, sino como una manera de ganar tiempo —meses, en el mejor de los casos casi un año— para un paciente que de otro modo seguiría atado a la diálisis mientras espera un donante compatible. Bajo esa lógica, los 271 días de Andrews sin necesidad de diálisis no son el final de la historia sino la evidencia de que el puente, por ahora, puede sostenerse más tiempo que antes.

The Lancet documenta el caso como una prueba de concepto, no como una terapia lista para generalizarse. La publicación revisada por pares le da al hallazgo un respaldo distinto al de un comunicado institucional aislado: describe qué funcionó, durante cuánto tiempo, y también por qué terminó fallando, incluida la relación entre la reducción de inmunosupresión, la infección y el daño vascular que llevó al retiro del órgano. Es, a la vez, un avance y un límite: la marca más larga lograda hasta hoy y la confirmación de que la falla original —la respuesta del cuerpo humano frente al tejido animal, aun modificado genéticamente— sigue sin resolverse del todo.