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Jueves, 24 de septiembre de 2026
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Trump dice que EE.UU. tiene “control permanente” sobre la seguridad de Groenlandia; Dinamarca y Groenlandia responden que su soberanía no cambia

Washington anunció un acuerdo de seguridad con Groenlandia que Trump describe como "control permanente" sobre su defensa. Copenhague y Nuuk salieron a aclarar que la soberanía danesa y la autodeterminación groenlandesa no se ven alteradas.

Foto: Schlosser67 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Estados Unidos y Dinamarca anunciaron un acuerdo de seguridad sobre Groenlandia que, según Donald Trump, otorga a Washington "control permanente" sobre la defensa de la isla ártica. Pero Dinamarca y Groenlandia salieron a matizar esa lectura casi de inmediato: para ellas, el pacto no toca la soberanía danesa ni el derecho groenlandés a decidir su propio futuro.

El anuncio lo hizo Trump el 18 de septiembre, tras meses de negociación entre Washington, Copenhague y Nuuk. El embajador de Estados Unidos en Dinamarca, Kenneth Howery, lo calificó como "un gran triunfo para Estados Unidos, Dinamarca, Groenlandia y todos nuestros aliados de la OTAN", y dijo estar "deseando trabajar con nuestros socios y amigos del Reino de Dinamarca para aplicar este histórico acuerdo que refuerza la seguridad y la defensa en el Ártico". El secretario de Estado, Marco Rubio, fue más allá: aseguró que el pacto garantiza los intereses de Estados Unidos en el Ártico "a costo cero para los contribuyentes estadounidenses" y que "Groenlandia será siempre parte del área de defensa estratégica de Norteamérica". Trump lo bautizó como un acuerdo de "vida infinita", sin fecha de término.

Según reconstruyeron medios internacionales a partir de fuentes oficiales estadounidenses, el pacto le da a Estados Unidos derechos permanentes de acceso, instalación de bases y sobrevuelo en la isla, veta que China o Rusia instalen bases militares o hagan "inversiones sensibles" sin aprobación de Washington, y permite a Estados Unidos construir instalaciones militares adicionales sin necesitar el visto bueno de Groenlandia ni de Dinamarca. Según Al Jazeera, el acuerdo regiría incluso si Groenlandia se independizara en el futuro, aunque no menciona explícitamente derechos sobre minerales de tierras raras, uno de los intereses de fondo que Washington tiene en la isla.

La respuesta danesa y groenlandesa llegó con matices, pero sin dejar dudas sobre el punto central. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, dijo que el acuerdo "reconoce la soberanía y la integridad territorial" del Reino. El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, fue en la misma línea: "el acuerdo reconoce la soberanía del Reino de Dinamarca, la integridad territorial y el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación". En otras palabras, mientras Trump presenta el pacto como una forma de control estadounidense sobre la seguridad de la isla, Copenhague y Nuuk lo presentan como un acuerdo de "seguridad compartida" que no altera quién es soberano de Groenlandia. El pacto todavía necesita ser firmado formalmente (se espera que ocurra durante la Asamblea General de la ONU la próxima semana) y ratificado por los parlamentos de Dinamarca y de Groenlandia, un paso que no está garantizado de antemano.

Ese contraste no es nuevo: es la última vuelta de una disputa que Trump reabrió apenas asumió su segundo mandato. En enero de 2025 el entonces presidente electo llegó a plantear que Estados Unidos podría necesitar Groenlandia "por razones de seguridad nacional" y no descartó usar la fuerza o presión económica para conseguirla, en un intento declarado de anexión o compra de la isla que generó rechazo casi unánime entre los groenlandeses (una encuesta de esos días mostró que el 85% se oponía a integrarse a Estados Unidos) y provocó protestas locales y tensión con aliados de la OTAN, entre ellos la propia Dinamarca. El acuerdo anunciado esta semana llega muy por debajo de esa ambición original: no le da a Washington la soberanía ni la propiedad del territorio que Trump había reclamado, sino derechos de acceso y despliegue militar dentro de un marco que Copenhague y Nuuk insisten en calificar de cooperación, no de cesión.

Además, buena parte de lo que el nuevo pacto formaliza ya existía: bajo el tratado de defensa de 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca, Washington ya contaba con amplios derechos militares en Groenlandia, incluida la base espacial de Pituffik. Eso deja abierta una pregunta que varios análisis internacionales ya plantean: cuánto cambia en términos prácticos este "control permanente" respecto de lo que Estados Unidos podía hacer antes, y cuánto es una forma de presentar políticamente, de cara a la opinión pública estadounidense, un resultado que Dinamarca y Groenlandia leen como bastante más limitado.