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Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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El ingeniero que denunció las amapolas de Colonia Dignidad y desapareció dos veces

Ruperto Torres Aravena denunció cultivos de amapola dentro de Colonia Dignidad años antes del golpe. Desapareció en octubre de 1973. Una investigación de El Mostrador reconstruye su caso y el testimonio de su hijo.

Foto: Xarucoponce / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Ruperto Torres Aravena era ingeniero químico y había dirigido en 1936 la Fábrica Nacional de Aceites en Santiago. Años después se instaló en un predio colindante a Colonia Dignidad, en la precordillera de Parral, donde identificó cultivos de amapola dentro del enclave alemán. Cuando preguntó a los colonos qué hacían con esas plantas, le respondieron que servían "para hacer aceite" — una explicación que su formación profesional le permitió descartar de inmediato: sabía que la amapola se usaba para producir opio y sus derivados. Habló del hallazgo con reporteros de la revista Aquí Está, según reconstruyó este fin de semana El Mostrador en su Unidad de Investigación.

Esa denuncia, hecha años antes del golpe de Estado, marcó su destino. "Mi papá pasó a ser el peor enemigo de los alemanes", dice hoy su hijo Gustavo Torres Castillo, de 81 años, en el testimonio recogido por el medio. El 15 de septiembre de 1973 padre e hijo fueron detenidos por carabineros del retén de Catillo y permanecieron presos alrededor de quince días. Al salir, a Ruperto se le ordenó firmar a diario en ese mismo retén. El 13 de octubre de 1973, después de cumplir esa firma, desapareció.

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos registra oficialmente el caso: la Comisión de Verdad y Reconciliación calificó a Torres Aravena, entonces de 58 años, como víctima de desaparición forzada por agentes del Estado, sin registro de salida del país ni noticias posteriores de su paradero. Gustavo sostiene que a su padre lo desaparecieron dos veces: primero como persona, y de nuevo en 2010, cuando durante trabajos en el retén de Catillo aparecieron restos óseos que la versión oficial clasificó como "de origen animal", aunque extraoficialmente habría surgido también un zapato de huaso talla 38 con fragmentos de hueso que él cree que pertenecieron a su padre.

La investigación de El Mostrador sitúa la desaparición de Torres Aravena dentro de una red de coordinación entre Colonia Dignidad, Carabineros y la DINA que operó en Parral tras el golpe. Según el reportaje, la estructura conocida como Hildegard Halle se convirtió en cuartel de la policía secreta, y en 1974 se dictó allí un curso de inteligencia para oficiales de la DINA en un galpón de pinturas del recinto —el reportaje registra versiones distintas sobre si quien lo dirigió fue Walther Rauff, exoficial de la Gestapo, o Cornelius Krieg—. El jefe de la DINA en la zona, Fernando Gómez Segovia, era además amigo personal de Paul Schäfer, líder de la colonia, y encabezaba los operativos policiales en el sector. El Mostrador cifra en unas 30 las personas detenidas desaparecidas en Parral cuyas familias están convencidas de que fueron llevadas al enclave o asesinadas con participación de uniformados.

El caso de Torres Aravena no aparece, por ahora, como una causa judicial individual: la información disponible lo sitúa dentro del conjunto general de desapariciones vinculadas a Colonia Dignidad y Parral, sin que se haya identificado una causa abierta específica sobre su desaparición. El propio Mostrador reportó un día antes, el 20 de septiembre, que Margarita Romero, presidenta de la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos Colonia Dignidad, emplazó públicamente al Estado alemán a cooperar con la justicia chilena, durante un acto de conmemoración realizado en las instalaciones del ex enclave. Romero pidió que Alemania use mecanismos jurídicos para que Reinhard Döring, Hartmut Hopp y Hans Jürgen Riessland —requeridos por tribunales chilenos y residentes en ese país— respondan ante la ley, y que colabore en la búsqueda de desaparecidos.